SETENTA Y SEIS

por Israel Fdez

Roza el aire la corona de una flor caída,
sobre la impasible lápida donde ellos lloran;
al pie de un feto dormido nuestra dama olvida,
bajo la perpetua lápida donde otros oran.

Velaron hasta tardía la honda medianoche
dando pésame, en el cuartillo frío y oscuro,
rayando la pálida aurora y amarrando un broche
perdido en la helada brisa, como un rezo puro.

Prensando el alba con las lágrimas del dolor
un crisantemo recae en la cruz gótica y yerta,
solo un doblez de campanas quiebra con vigor
el denso silencio de la necrópolis huerta.

Y se van de luto las sufridoras ancianas
arropadas por bordados paños de biselo,
queman incienso por el difunto, causas vanas…
a tiempo oxidan las sombras, solo queda el Cielo.

Un día naces, otro vives, y al después mueres
así es la quimera, así el falso despertar
el desgaste mustio; ¿el acoso oriundo hieres
cuando no andes dispuesto más allá de soñar?

Un día amas más otro odias, al siguiente olvidas
así sé del aura, así el gran verso se pierde,
tirana quintaesencia y vidas tras otras vidas
que desatienden el alma y la manchan de verde.

“Por un bálsamo de suero derramó sangre y arte
el poeta Dante, que el purgatorio miraba,
con recelo y a su Beatriz, como yo, sin amarte
porque obtuve y perdí más de lo que deseaba.”

‘TWENTY EIGHT’, 15 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

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