SETENTA Y CUATRO

por Israel Fdez

Rueda una rueda de hojalata,
que junto a la noche tiritando
a cada peregrino solitario
nos arropa y nos abraza.

Lágrimas de mármol llueven
las perlas de la oscuridad; -triste
agrupadas en hermandad
recogen su caída leve.

El camino de un niño nuevo, errante,
se pierde cuan rocío
herido con el sol de la mañana
muere allá lejos, cerca del río.

Para que ellos me oigan
mis palabras, se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas,
galopando por la eslora
y las amarro con mi cadena de anhelos,
para que no se vallan.

El arrullo de la distancia
hace nombrar falsos “te quieros”,
como mienten los crepúsculos
al zarpar de un marinero.

Sufro cautivo como pájaros del viento
la ilusión de un día hace otro día,
la aurora celeste y silenciosa
embriaga mi alma… de monotonía.

La tierra lleva puesta una camisa de flores,
mi tintero conduce a olores,
¿Y tú, de que se visten tus amores?
Dolores y más dolores.

Un odio subterráneo al pasado
yo, huyendo temeroso en mi barco de lamentos:
creyendo haberlos olvidado
se retornan en Memorias y pensamientos.

Oh sufrir maldito, oh reflejo de un espejo…

Han clavado en mi vida mil tinieblas
expiro a sentir amar
pero el tiempo, centinela de la Ausencia
derriba el muro de la verdad.

Y ahora, ¿qué queda?
Puedo escribir al cielo sabiendo que he perdido,
puedo observar la danza de los árboles robustos
(y) puedo decir ¡cuánto quise sin ser respondido!

Pero yo se amar
y vivir los versos infinitos que escribo,
versos clavados en alas de mariposa como terciopelo;
por los besos que burlonamente esquivo
que miro con capricho y con recelo.

Pensar soñando en una voz…

Ya no están conmigo, es cierto,
pero aún su susurro invade mi sonrisa.
Se aleja el aullido como… de un tren
en un taciturno día inmóvil.

Abandonado como los muelles en el alba,
tímidamente, se escurre mi refugio de colores,
se apaga.

‘TWENTY SIX’, 13 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

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