SETENTA Y TRES

por Israel Fdez

Mi vida es un espejo,
una reflexión sobre la muerte.
Mi vida es un pirómano árbol,
un ser o no ser, una sopa cuántica.

Era un niño –mi infancia era esclava del tiempo,
todos sabíamos
que tarde o temprano se desmoronaría,
como se desmorona el anciano roble
tras un arrasador incendio y un viento de melancolía.
Jugaba solo a jugar con gente,
pero esos juguetes no hablaban de mí…
aunque yo los llamara.

Mi vida es una encina impresa en aceite.
Mi vida es ella,
yo era su vida.
¿Felicidad? ¿Alegría? Un laberinto amoroso,
un incierto destino resignado a huellas deseosas del descanso,
lamentadas de implorar sin ser escuchadas.

Mi vida es un robot,
un crepúsculo adherido a la aurora.

Mi vida es un ruiseñor mudo
una flor seca entre las páginas de un gran libro,
donde reposa su perfume.

Mi vida es un reloj
donde sus agujas se oxidan y chirrían,
sus agujas se oxidan e infectan el alma
llena de telarañas y polvo.
Mi vida es el mar de los sargazos.

Tú eres mi faro,
yo era tu velero, el timón de tus quimeras.

Mi vida era un dios de plástico,
un rey muerto
gobernando bajo una lápida de mármol.

Mi vida es un pez de secano,
un abismo en el llano, triste dolor insano.

Mi vida era un cielo lluvioso,
en un mar de plata, en una nube de oro,
y mi vida gime un pasado
que amistad añora, que piedad implora.

Mi vida es una mujer,
una cama dormida
que sueña en la autopista del recuerdo.

Mi vida es una cueva en un bosque
donde los búhos silban sigilosos y centinelas,
donde el leñador enciende el fuego
y calienta sus arrugadas manos.

Mi vida es una rueda
alimentada o mal nutrida,
vagabunda, huérfana, errante peregrina,
que persigue en la sombra de un túnel inmenso
la luz de su salvación.

La pasión vocifera, mi pasión es misógina.
Mis venas de titanio y mercurio
derraman versos que ninguna dama quiso leer
y se sostiene en mi memoria
la pérdida de una voz amiga, de una mano hermana,
de una caricia en el regazo maternal.

Mi vida es un infernal ángel que busca su cuerpo material.

En el páramo del placer, del galanteo, del erotismo
yace mi vida, yerta reyerta.
Solo amo en desmedida tras la ventana
y tras la puerta.

Mi vida es una bola de cristal,
donde las aves no perforan con sus picos,
como vesícula de plomo.

Un espectro fantasmal desdibuja mi horizonte…
ayuda, por favor,
tengo miedo de quedarme solo en el murmuro del silencio
en el susurro bullicioso de la agonía eterna.

‘TWENTY FIVE’, 12 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

Anuncios