SETENTA

por Israel Fdez

Llegaba el yugo llameante
llano, sobre el yaciente llanto,
más que lluvia, sollozado canto,
llevando yeguas de diamante.

A veces, tu caricia es tan suave
que se confunde con la sonrisa del viento.
A veces, tu mirada es tan rara
que parpadea un haz de luz dentro,
como el túnel de bohemias perlas
que al besarlas, solo yo probé;
a veces, tu susurro es tan ilegible (inaudible)
que parece el balbuceo de un bebé.

Alma de sal y azúcar,
alma de sal y arena,
alma… de azucena.

Un yugo en el letargo de mis párpados
hibernando sumidos en tu sueño;
una hiedra que roe el muro aquel
hoy juntos estamos, esclavos o dueños;
mi vid podrida de avatares póstumos
son vinagres por los capilares sureños.

Como quistes de un olivo maquilado
subyacieron mis lamentos fatales;
el elixir fontal de esa alma mía
Pilar se llama, Rosa de todos los rosales…
y cubría un velo árabe un rostro
de cristianos pensamientos e ideales.

Fabricas un frenesí quimérico
y estalla en mi columna una fractura;
mis sueños hoy tienen nombre propio,
mis deseos sarracenos y perdura
en el segundero, dando vueltas traidoras
como un campanario maestro sin cesura,
mi locura.

‘TWENTY TWO’, 9 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

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