SESENTA Y OCHO

por Israel Fdez

Ayer hablábamos de muchas cosas;
ya se que te vas.

Alguien canta, oigo una saeta,
ojalá tú la oyeses… ¡con lo que te gustan!
Tal vez te quiera, el olvido va y viene
como afiladas cuchillas acariciando
mi mecánico corazón.
Átomos de viento, partículas de fragancia pupilar,
¡tan claro tu cuerpo inadvertido!
No se donde estás, ¿dónde te iré a buscar?
¿Mi último poema escribo?

Aún no te has ido y ya siento tu ausencia.
Donde estés, seguro que mejor que conmigo.

Toqué la turbia mitad de luna
excavaciones estilizadas de infinitos.

Las ruedas del reloj ruedan el tiempo
un mecanismo absurdo y pequeñito.

Hay una montaña que requiebra el techo nublado
yo llegué allí, y no te vi.

Fui a un bosque donde los árboles susurraban mentiras,
allí miré, y nada observé.

Comprende que tú eres todo
lo ocupas, el espacio. Nebulosas y constelaciones
mis cejas pardas en remolino
fraguaban pesimistas y temerosos pensamientos.

Me acerqué a un astro que giraba encadenado
pasé de largo, no vi tu cuerpo.

En un frenesí de ecos viví, raíces y rosados
mi voz te buscó, pero no te oyó.

Por fin se donde estás, alma mía
tanto te amo de noche como te quiero de día,
estés en mi sombra o en tempestad de verano
cocinaré esperanzas, con el regazo de mi piano.

Hoy te quiero, entre las orquestales playas,
antes las olas martirizaban acosos al acantilado
hoy son caricias lo que dan, sobre la mercúrica angustia
y bajo las murallas, de un miliciano.

‘TWENTY’, 7 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

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