SESENTA Y SEIS

por Israel Fdez

Me duelen los ojos de mirar lo que aborrezco;
me duele la mandíbula y la garganta de gritar “libertad”;
me duele el alma de amar en desmedida;
me duele el sollozo de llorar a escondidas;
me duelen los huesos de tu maldito frío invernal;
me duele el corazón de su solitaria existencia;
me duele la espalda de no haber tenido nunca apoyo;
me duele el paladar porque mi sed y hambre son exasperantes;
me duelen los oídos de escuchar blasfemias;
me duele la cabeza donde ruedan tristes pensamientos;
me duelen los pies de andar por veredas mortales;
me duelen las manos de acariciar lo que se me escapa;
me duele el olfato de añorar fragancias bellas;
me duele la música porque ya no acompaña mi melancolía;
me duele la piel porque la desgarran mil lágrimas;
me duelen las armas porque Dios nunca las creó;
me duelen las guerras porque ni la paz las sabe detener;
me duelen tus besos porque desaparecen con el rocío del alba;

me duele mi sangre porque circula sin ningún sentido;
me duele el cielo de grises nubes porque ya no es azul;
me duele el dolor porque cuesta no creer en el amor;
me duele el odio porque es un sentimiento cruel;
me duele la mañana porque acaba cada día;
me duele la tormenta porque la sienten los ángeles;
me duelen los gobiernos por su irónico mandato;
me duele que no estés hoy, en un atardecer crepuscular;
me duele que dudes de mí y de mi sincera amistad;
me duele mi sombra porque se que le cuesta perseguirme;
me duele la riqueza porque en realidad es pobre;
me duele el cinismo porque va regalando mentiras;
me duelen las olas porque golpean a los acantilados;
me duelen los sueños porque no duermo si no sé de ti;
me duelen los músculos porque tiritan sin tu fulgorosa protección;
me duele la vida porque le acosa la muerte;
me duele la luz porque ciega con tinieblas
y me duelen estos tiempos porque cada vez noto más mi ruinoso abandono.

‘EIGHTEEN’, 5 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

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