Words In Grey

Ñé

SETENTA Y NUEVE

Fui a la Feria del Libro
y el nombre le hacía justicia.

Foulards para Mallarmé
botas altas para una generación sin consonante.

Cubículos de sodomía
creí estar en la pajarería.

Fui a la Feria del Libro
y encontré hojarasca tenue.

Entre pelucas y fantasmagorías
bostezos escondidos.

Escarnios de sombrilla
y varios «could you sign me a copy, please?»

Fui a la Feria del Libro
disfrazado de espantapájaros.

Escruté un rostro camarada
pero todos mis amigos habían muerto.

Declama la juventud a Cicerón
confundido con Plutarco…
…cita fuentes aunque estén secas
pues los nombres siempre suman.

Fui a la Feria Del Libro
como quien va al zoco de Marrakech.

Los rediles olían a ceniza
los poetas a esperma seco.

Y el reloj, tan caprichoso
me robó tiempo y cartera.

Fui a la Feria del Libro
y me quedé sin cobertura.

Hileras en deuda como árboles caducos
y un bebé sonriendo al barlovento.

Fui por ir, a la Feria del Libro
y acabé desnudo de simbologías.

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SETENTA Y OCHO

«(Toda) una noche bailó entre besos pegados, ojos cerrados peinando el viento…
Hoy que no sale el Sol estoy perdiendo y desmintiendo sus caricias.»

Ayer soñé que toqué una luz, una nube, un cielo azul;
Y supliqué a Dios una poesía, una melodía, bebí un letal veneno a tu salud.
Una copa de vino, una alcoba, unas velas,
un abrazo, un suspiro, un cuento de caballero y doncella.

Que tu ropa es mi coraza grita mi seca garganta,
y tu voz es no se que,
robarle la sal a la mar y al alma.
Y perfumar la Luna, que seas tú o ninguna,
con el aura (blanca) de tu bondad, del alba.

Que se me parte el corazón,
¡qué se yo, qué se yo! Ni quiero saber de este loco y fiel amor,
que se me escapa el alma,
¿creyendo en lo nuestro? Solo, en mi vieja habitación.

Porqué esperar sin decisión,
a ese último momento,
cuando no queda tiempo,
para decir “te quiero”.
Pa’ imaginar una razón,
y escribir los versos,
que te regala un necio,
vaciándolos al viento.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que lloro sin perdón,
déjame que sea tu ola,
tú una simple amapola,
que crece en mi piel
y en la orilla estuvo sola.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que canto esta canción,
que después de ti no hay na’,
niebla en la ventana está,
que mañana brillará,
el Lucero de tu alma.

Recordé,
el recuerdo de aquel atardecer,
donde nos unimos hasta la noche, sin reproche, y tal vez se me note,
pero prefiero estar muerto enamorado,
que vivo sin ti.

Avivé,
en un charquito tus lágrimas,
que recogieron las estrellas,
que yo lloré por ellas,
náufrago a tu vera,
perdida en un bosque, entre los árboles, estaba mi cometa.

Te echo de menos, maldita ida,
y si somos de la misma condición,
porqué seguir la vida,
si este gris invade no tener tu pelo, tu rostro, tu cuerpo y tu amor.

Y si no quieres verme triste,
te prometo olvidar la melancolía,
pero guárdame tú a mí,
en buen lugar el corazón, niña mía.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que lloro sin perdón,
déjame que sea tu ola,
tú una simple amapola,
que crece en mi piel
y en la orilla estuvo sola.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que canto esta canción,
que después de ti no hay na’,
niebla en la ventana está,
que mañana brillará,
el Lucero de tu alma.

Entre cartones envuelto,
pintando un sentimiento,
sin obtener escarmiento,
del dolor, de amar tan lento.

“Ya es tarde mi amor”,
dime si mañana volverás,
no te marches corazón,
que si ti no nacerá,
otro de esos atardeceres,
otra Luna, y tu sinceridad.
Campana sobre la verdad.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que lloro sin perdón,
déjame que sea tu ola,
tú una simple amapola,
que crece en mi piel
y en la orilla estuvo sola.

Hoy que no sale el Sol,
(hoy) que canto esta canción,
que después de ti no hay na’,
niebla en la ventana está,
que mañana brillará,
el Lucero de tu alma. Quiéreme y anda.

‘THIRTY’, 17 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y SIETE

Si no hablas,
llenaré mi corazón de tu silencio
y lo guardaré conmigo.
Y esperaré quieto,
como la noche en su desvelo estrellado,
que pacientemente se posa.

Vendrá sin duda la mañana
y se desvanecerá la sombra.

Y tu voz se derramará
por todo el cielo
en arroyos de oro.
Y tus palabras volarán
cantando
de cada uno de mis nidos.
Y tus melodías estallarán en flores
por mis profusas enramadas.

“A cada uno Dios nos guía
por una blanca vereda.
Y desnudos todavía,
partimos. ¿Quién, quién se queda?”

No voltean las campanas
o allá lejos,
cerca de las orillas de la tempestad
o del cementerio.
Lejos, lejos, lejos.
Aguardas, blanca es la aurora
vas llena de pensamiento
mi ídolo dormido marcha
¡corre, corre en silencio!
Risueña, lejana insensata
padeces un sueño eterno,
la luna (descalza) ignora tu fruto
reposa la noche en tu lecho.

En un monte de ansia ardiente
incubada lloras, sin velo,
próxima a las rocas bruscas
donde resuena el hondo eco.

Allí,
tan lejos,
vives sin sol y sin agua
vives de ciegos reflejos.
Vendrá sin duda a salvarte
quien permita tu voluntad y tu cuerpo.

Tus penas anublan las alegrías
comparable al remordimiento,
te sientes sola: errática rosa
que siega la hoz del tiempo.

Sopla, cerca de los tímidos cipreses
el aroma mortal del viento.
Sopla lejos, lejos, lejos…
Muy lejos,
tan lejos…

La opaca sombra traspasa
el monte, el valle, el cerro,
el precipicio o el otero
donde se acerca al poblado el lobo
para ahuyentar con el miedo
y provocar un frío helado
como el que hoy yo siento. Lejos.

A través de copas de robles
se pinta un perenne obsequio
las fugaces risas nocturnas
vertidas en callejones estrechos
imponen su sello de soledad
imponen su anhelado beso,
descansa en la alcoba
solo solito el cuerpo. Lejos.

¿Dónde estás
que casi no te recuerdo?
Se ausenta la magia nuestra
como un espectáculo maestro,
ni la presencia viva del hueco
que has dejado implorándote
me mira,
¿Qué has desparramado en sosiego?

Versos huérfanos, vestidos de harapos
lejos, lejos se van muriendo,
cruel juego en mi mente
arlequín de mi parlamento,
de mi pavoroso monólogo
que escribo con inmortal desasosiego
y con transitorio recelo.

Si te vuelvo a ver
tendré todo cuanto quiero,
mi religión, mi patria, mi ley,
por un segundo más, vendo,
solo tenerte en mis brazos respirando
y viviré para siempre a tu encuentro.
¡Culpable veneno embriagador
peor que el vino más viejo!

Lejos, lejos, lejos,
ni nostalgia ni melancolía,
ni memoria desagradecida,
solo lánguida lejanía.

Como una apagada tea infinita,
reposa el día, taciturno y yerto.

Y susurra el olvido su cadencia,
y expira suave el tiempo.

Sembraba en tu palma suspiros blancos,
trémulas perlas de cristal, de hielo,
marchaste como el aullido de un tren…
¡Cosas que el corazón añora en duelo!

¡Promesas de una mujer, esperanzas,
tardías horas impresas de invierno,
secretos de pasión, sonrisas de ángel
extraviados “te quieros”!

Pondré en tu lengua poemas cantados
pondré en tu aura el grito de mi texto;
cartas ayer escritas, sin noticia,
de pensador trasnochado, sin credo.

‘TWENTY NINE’, 16 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y SEIS

Roza el aire la corona de una flor caída,
sobre la impasible lápida donde ellos lloran;
al pie de un feto dormido nuestra dama olvida,
bajo la perpetua lápida donde otros oran.

Velaron hasta tardía la honda medianoche
dando pésame, en el cuartillo frío y oscuro,
rayando la pálida aurora y amarrando un broche
perdido en la helada brisa, como un rezo puro.

Prensando el alba con las lágrimas del dolor
un crisantemo recae en la cruz gótica y yerta,
solo un doblez de campanas quiebra con vigor
el denso silencio de la necrópolis huerta.

Y se van de luto las sufridoras ancianas
arropadas por bordados paños de biselo,
queman incienso por el difunto, causas vanas…
a tiempo oxidan las sombras, solo queda el Cielo.

Un día naces, otro vives, y al después mueres
así es la quimera, así el falso despertar
el desgaste mustio; ¿el acoso oriundo hieres
cuando no andes dispuesto más allá de soñar?

Un día amas más otro odias, al siguiente olvidas
así sé del aura, así el gran verso se pierde,
tirana quintaesencia y vidas tras otras vidas
que desatienden el alma y la manchan de verde.

“Por un bálsamo de suero derramó sangre y arte
el poeta Dante, que el purgatorio miraba,
con recelo y a su Beatriz, como yo, sin amarte
porque obtuve y perdí más de lo que deseaba.”

‘TWENTY EIGHT’, 15 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y CINCO

Llevaba una ciudad dentro,
… lo más cruel es un reloj.
La perdió.
Piratas de ciento en ciento;
se oculta mi polisón
de pasión.
¡Bebe la leche lechosa de la humana madre
como la nívea nieve amamanta a la tierra!
Tic-tac-tic-tac, el tiempo es un agriado hojaldre
de cabello de ángel impúber que en su fe yerra.

Despierta un corazón ya casi olvidado
con los primeros esbozos del agotado alba,
abre los ojos ante un cuerpo arropado
viendo que marcha la noche y no queda nada.
Tic-tac-tic-tac, el tiempo es una gris telaraña
que acuna grasas memorias… y después se ensaña.

Vida. – Muerte.
Ida a – verte.

Tu pasado y el mío son dos pasados,
tu pasado, es uno solo, uno;
y serían de dos enamorados
si se atreviese a predecir alguno:
yo camino ayer por hilos de versos
y unjo recuerdos, mas emergen tersos.

Brota desnuda la piel de una primavera
y roza su ramo una sonrisa de pétalos,
por el vientre del álamo estalla tristemente
un banco néctar que cae y cae al suelo.

Evita el insecto su azúcar y quedarse prendado.
¿Esclavo para siempre? Cautivado y sediento.

A solas llora el sauce en el jardín romántico
y el roble consuela cada arruga suya, cada hoja.
Derrama un licor piadoso grande cuan mar báltico
las raíces velludas de su alma subterránea y loca.

¡Labrad la victoria, amigos,
seguid cosechando dorados trigos!

Como cada fotografía
cada época ser debería
recordada por su valía;
sabiendo
y riendo
que sin temor todo acabaría,
si un poco de amor, sin rencor,
gente a gente se daría,
con sigilo y armonía.

Estoy encintado de un beso,
en estado,
daré a luz quizá, otro beso.
Mañana, si hay mañana, te daré otro beso, mi beso.

Ese beso olerá a telarañas
si no te lo doy hoy, verás,
por eso mañana me verás sentado,
porque hoy no quiero esperar.

‘TWENTY SEVEN’, 14 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y CUATRO

Rueda una rueda de hojalata,
que junto a la noche tiritando
a cada peregrino solitario
nos arropa y nos abraza.

Lágrimas de mármol llueven
las perlas de la oscuridad; -triste
agrupadas en hermandad
recogen su caída leve.

El camino de un niño nuevo, errante,
se pierde cuan rocío
herido con el sol de la mañana
muere allá lejos, cerca del río.

Para que ellos me oigan
mis palabras, se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas,
galopando por la eslora
y las amarro con mi cadena de anhelos,
para que no se vallan.

El arrullo de la distancia
hace nombrar falsos “te quieros”,
como mienten los crepúsculos
al zarpar de un marinero.

Sufro cautivo como pájaros del viento
la ilusión de un día hace otro día,
la aurora celeste y silenciosa
embriaga mi alma… de monotonía.

La tierra lleva puesta una camisa de flores,
mi tintero conduce a olores,
¿Y tú, de que se visten tus amores?
Dolores y más dolores.

Un odio subterráneo al pasado
yo, huyendo temeroso en mi barco de lamentos:
creyendo haberlos olvidado
se retornan en Memorias y pensamientos.

Oh sufrir maldito, oh reflejo de un espejo…

Han clavado en mi vida mil tinieblas
expiro a sentir amar
pero el tiempo, centinela de la Ausencia
derriba el muro de la verdad.

Y ahora, ¿qué queda?
Puedo escribir al cielo sabiendo que he perdido,
puedo observar la danza de los árboles robustos
(y) puedo decir ¡cuánto quise sin ser respondido!

Pero yo se amar
y vivir los versos infinitos que escribo,
versos clavados en alas de mariposa como terciopelo;
por los besos que burlonamente esquivo
que miro con capricho y con recelo.

Pensar soñando en una voz…

Ya no están conmigo, es cierto,
pero aún su susurro invade mi sonrisa.
Se aleja el aullido como… de un tren
en un taciturno día inmóvil.

Abandonado como los muelles en el alba,
tímidamente, se escurre mi refugio de colores,
se apaga.

‘TWENTY SIX’, 13 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y TRES

Mi vida es un espejo,
una reflexión sobre la muerte.
Mi vida es un pirómano árbol,
un ser o no ser, una sopa cuántica.

Era un niño –mi infancia era esclava del tiempo,
todos sabíamos
que tarde o temprano se desmoronaría,
como se desmorona el anciano roble
tras un arrasador incendio y un viento de melancolía.
Jugaba solo a jugar con gente,
pero esos juguetes no hablaban de mí…
aunque yo los llamara.

Mi vida es una encina impresa en aceite.
Mi vida es ella,
yo era su vida.
¿Felicidad? ¿Alegría? Un laberinto amoroso,
un incierto destino resignado a huellas deseosas del descanso,
lamentadas de implorar sin ser escuchadas.

Mi vida es un robot,
un crepúsculo adherido a la aurora.

Mi vida es un ruiseñor mudo
una flor seca entre las páginas de un gran libro,
donde reposa su perfume.

Mi vida es un reloj
donde sus agujas se oxidan y chirrían,
sus agujas se oxidan e infectan el alma
llena de telarañas y polvo.
Mi vida es el mar de los sargazos.

Tú eres mi faro,
yo era tu velero, el timón de tus quimeras.

Mi vida era un dios de plástico,
un rey muerto
gobernando bajo una lápida de mármol.

Mi vida es un pez de secano,
un abismo en el llano, triste dolor insano.

Mi vida era un cielo lluvioso,
en un mar de plata, en una nube de oro,
y mi vida gime un pasado
que amistad añora, que piedad implora.

Mi vida es una mujer,
una cama dormida
que sueña en la autopista del recuerdo.

Mi vida es una cueva en un bosque
donde los búhos silban sigilosos y centinelas,
donde el leñador enciende el fuego
y calienta sus arrugadas manos.

Mi vida es una rueda
alimentada o mal nutrida,
vagabunda, huérfana, errante peregrina,
que persigue en la sombra de un túnel inmenso
la luz de su salvación.

La pasión vocifera, mi pasión es misógina.
Mis venas de titanio y mercurio
derraman versos que ninguna dama quiso leer
y se sostiene en mi memoria
la pérdida de una voz amiga, de una mano hermana,
de una caricia en el regazo maternal.

Mi vida es un infernal ángel que busca su cuerpo material.

En el páramo del placer, del galanteo, del erotismo
yace mi vida, yerta reyerta.
Solo amo en desmedida tras la ventana
y tras la puerta.

Mi vida es una bola de cristal,
donde las aves no perforan con sus picos,
como vesícula de plomo.

Un espectro fantasmal desdibuja mi horizonte…
ayuda, por favor,
tengo miedo de quedarme solo en el murmuro del silencio
en el susurro bullicioso de la agonía eterna.

‘TWENTY FIVE’, 12 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y DOS

Si en mis días de soliloquio
un verso hubiese de juzgar,
un solo te quiero me basta:
amor sin legar a amar…
…Pues muchos me conocieron
pero ninguno oyó hablar de mí;
y en silencio, se perdieron,
tales versos de tal frenesí.

Sinrazón provinciana…
Y el agua ya no me arrulla:
poemas sin sentido,
mi muerte se apresura, es tuya.
El llanto que todo lo cubre,
se ha puesto en mi imperio;
las colosales murallas, la ubre,
todo vaguea en misterio…

El agua clara, agua fresca,
se ríe de mis palabras;
¿flotan, se ahogan, nadan?
–pero siempre en naufragio acaban.
Ni poeta hubiese querido,
ser en vida y soñando,
si elegir hubiera podido
no estaría aquí, sino soñando…
como se pasa la vida
como se viene la muerte
tan callando.

Solo una vez más bañarte de besos
solo por vivir un día sin despechos.

‘TWENTY FOUR’, 11 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA Y UNO

Demasiada sierpe, poco pecado
te veo, más nunca te encuentro,
y solo soy yo, del yo dominado.
Grano exquisito vive en mí, muy dentro,
soberano pudor indeseado
mi sexo rehuye de su antecentro.

La lóbrega tormenta me atormenta,
del espectro del amor, aletazos,
una falsa promesa se presenta:
mi seno despierta esclavo a tus brazos,
quien oprima mi longuez cenicienta
solo oprime unos rotos, viejos lazos.

Nerviosa libertad en guerra ciega,
como olas cae mi llanto miedoso,
de tu montaña, hasta mi vega;
palidez mental del ser tenebroso,
corazón fiero que la sangre niega,
un maldito escándalo caprichoso.

Ermitaño y vagabundo, un clavel
cuanto desdeñado, mi gran destierro,
funeral de tumba a grueso cincel.
Ya se congeló, el gallardo hierro,
¿acaso en lienzo fui pintor sin pincel?
Ya se aproxima implacable, mi entierro.

‘TWENTY THREE’, 10 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SETENTA

Llegaba el yugo llameante
llano, sobre el yaciente llanto,
más que lluvia, sollozado canto,
llevando yeguas de diamante.

A veces, tu caricia es tan suave
que se confunde con la sonrisa del viento.
A veces, tu mirada es tan rara
que parpadea un haz de luz dentro,
como el túnel de bohemias perlas
que al besarlas, solo yo probé;
a veces, tu susurro es tan ilegible (inaudible)
que parece el balbuceo de un bebé.

Alma de sal y azúcar,
alma de sal y arena,
alma… de azucena.

Un yugo en el letargo de mis párpados
hibernando sumidos en tu sueño;
una hiedra que roe el muro aquel
hoy juntos estamos, esclavos o dueños;
mi vid podrida de avatares póstumos
son vinagres por los capilares sureños.

Como quistes de un olivo maquilado
subyacieron mis lamentos fatales;
el elixir fontal de esa alma mía
Pilar se llama, Rosa de todos los rosales…
y cubría un velo árabe un rostro
de cristianos pensamientos e ideales.

Fabricas un frenesí quimérico
y estalla en mi columna una fractura;
mis sueños hoy tienen nombre propio,
mis deseos sarracenos y perdura
en el segundero, dando vueltas traidoras
como un campanario maestro sin cesura,
mi locura.

‘TWENTY TWO’, 9 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SESENTA Y NUEVE

Todo es nada
todo mortal…
un rayo es la vida
allá choca la centella
con el campanario.
Ando muerto,
ando llorando.

Un grito ahogado
en el vapor de mi soledad
se clava discordante, en tropel
por las protuberancias, de mi ser.

Una muralla,
mide el cielo cárdeno [limitándolo]
solo la tez de mi pesadumbre
asfixia la ciénaga, de amargas cadenas.

La sala estaba sellada por el silencio,
lúgubre,
descansa acaso la voz
que tantas mal miradas tuvo, do quejumbra.
Aún no te has ido y ya siento tu ausencia
el café donde nos vimos por primera vez
ya no existe.
Feneció.

No creo en Dios,
porque tú eres mi fe.
Nada crece su nacimiento, ni perdura.
Guerra por nada, como siempre.

Mi último verso de poeta…
¿taciturno y melancólico? No, exasperante.
“Antes que viajero fui persona”
– quizá.

¿Cuántos te quieren más que yo? ¿Lo sabes acaso?
¿A dónde vas?
A donde mis besos suspiren al mar.
¿Buscarte podré?
En donde mi pupila no refleje tu pupila jamás.
Si no me lo dices… [no podré saberlo]
Nadie sabrá que éste es mi poema final.

¡Una estrella!
¿Quién podrá cogerla? Tan pequeña…
Tú puedes.
Quédatela.
Sabes que yo te la regalaría
si acaso la cogiera
dártela, te la daría, y la Luna también,
te lo aseguro.
Te arropan tus horas quiméricas
“sepulcran” las mías.
Tristeza,
bajo las sábanas de mi lecho.
Confundida, traicioneros son los lobos
no lo entiendes, amar no puedes
mi aura prohibida
solo mía es, solo mía, de nadie más.
¿a robármela vienes? Porqué, no lo se.

¿Loco yo?
Imprudente de huellas inapeables.
En tu mano sembrada estupidez, [por] mi ceguera
y dulce a veces la sangre…

Para que tú me oigas
mis palabras
se adelgazan a veces
como las huellas de las gaviotas en las playas.
Cascabel de roca
resuena en mi calavera.

Guardo aquella tarde de vaho y cenizas
se evapora en el cielo infinito
aleteando como mariposas de algodón,
te quiero,
te cantaba fijo en melodía
tan poco dura lo bueno, tan poco ríe la vida…

A veces… la ventana por donde miro
es nublada por mi aliento,
tapándome la poca visión.
Recuerdo una voz amiga,
recuerdo una mano hermana
recuerdo contar estrellas y ver fotos viejas,
cerca del Paseo Marítimo, la blanda brisa costera,
el húmedo susurro por el puerto de los regazos [inmenso reposo]
y gaviotas hablando mientras las olas nos vigilaban;
y sirenas acompasadas sobre nuestro caminar
en columnas de humo, salpicándonos
hoy todo muere, oxidada la lanza de amor.

Hoy no es ayer, ni mañana.

Quisiera decorar mis últimos versos
mas no escribiré,
ya nada es lo mismo que antes parecía
y a lo lejos se pierde desmadejado mi recuerdo,
a veces arañando en las olas
acariciando la nieve
haciéndola crujir,
tal vez no te alejes nunca, tal vez;
como antes de mis besos, eras de otro,
así rodará una vez más tu boca, cueva de miel.

Ya lo sabes todo, yo nada supe.
Un secreto para ti,
mi último secreto
porque me estoy muriendo.

‘TWENTY ONE’, 8 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SESENTA Y OCHO

Ayer hablábamos de muchas cosas;
ya se que te vas.

Alguien canta, oigo una saeta,
ojalá tú la oyeses… ¡con lo que te gustan!
Tal vez te quiera, el olvido va y viene
como afiladas cuchillas acariciando
mi mecánico corazón.
Átomos de viento, partículas de fragancia pupilar,
¡tan claro tu cuerpo inadvertido!
No se donde estás, ¿dónde te iré a buscar?
¿Mi último poema escribo?

Aún no te has ido y ya siento tu ausencia.
Donde estés, seguro que mejor que conmigo.

Toqué la turbia mitad de luna
excavaciones estilizadas de infinitos.

Las ruedas del reloj ruedan el tiempo
un mecanismo absurdo y pequeñito.

Hay una montaña que requiebra el techo nublado
yo llegué allí, y no te vi.

Fui a un bosque donde los árboles susurraban mentiras,
allí miré, y nada observé.

Comprende que tú eres todo
lo ocupas, el espacio. Nebulosas y constelaciones
mis cejas pardas en remolino
fraguaban pesimistas y temerosos pensamientos.

Me acerqué a un astro que giraba encadenado
pasé de largo, no vi tu cuerpo.

En un frenesí de ecos viví, raíces y rosados
mi voz te buscó, pero no te oyó.

Por fin se donde estás, alma mía
tanto te amo de noche como te quiero de día,
estés en mi sombra o en tempestad de verano
cocinaré esperanzas, con el regazo de mi piano.

Hoy te quiero, entre las orquestales playas,
antes las olas martirizaban acosos al acantilado
hoy son caricias lo que dan, sobre la mercúrica angustia
y bajo las murallas, de un miliciano.

‘TWENTY’, 7 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SESENTA Y SIETE

Pasajeras partículas en la noche soñolienta
partículas de pasados y futuros en la noche vieja,
angostos ayeres y mañanas en el tiempo sin eco
abstenidos momentos en el año nuevo.

Barrocas soledades en toda mi nocturnidad
silencioso balanceo de dulzura y agonía en tu ausencia,
amarga alegría, hermosa tristeza en realidad
aguijón de mil escorpiones y hechizo es tu presencia.

Nace un nuevo año entre mil ramas de olivo
difunto promete un mejor futuro, leal, traidor, valiente y esquivo.
La aurora del alba despierta con un nuevo “hola”
saludo de pulcro púrpura donde la risa llora.

Eléctricos besos y miradas palpitantes
de granos de playa,
de nubes, de gotas de agua;
pacíficas uvas de miel, en mi melancólica noche
lúgubre y oscura más que nunca,
rúbea mi alma surca.

Te siento lejos, mucho más que las estrellas
llévame hasta donde se pone el Sol con vahídos crepusculares,
ven un solo instante, mujer bella
por favor, aunque solo uno sea, a los prados presbiterales.

Hoy no veo la Luna y algo tirita a lo lejos
siento un doloroso apego, noche vieja en un día viejo.
Eres mi alimento, el vehículo para mi poesía
pujantes los relojes con agujas llenas de cariño,
desconfía la montaña del resuello y sinfonía
de tu voz de nana que me acuna como a un niño.

Los vasos de mi corazón se hallan vacíos
los hilos de títere me sostienen inerte,
puramente excomulgado de tus brazos míos
desterrado por un día de tu vida para mi muerte.

‘NINETEEN’, 6 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SESENTA Y SEIS

Me duelen los ojos de mirar lo que aborrezco;
me duele la mandíbula y la garganta de gritar “libertad”;
me duele el alma de amar en desmedida;
me duele el sollozo de llorar a escondidas;
me duelen los huesos de tu maldito frío invernal;
me duele el corazón de su solitaria existencia;
me duele la espalda de no haber tenido nunca apoyo;
me duele el paladar porque mi sed y hambre son exasperantes;
me duelen los oídos de escuchar blasfemias;
me duele la cabeza donde ruedan tristes pensamientos;
me duelen los pies de andar por veredas mortales;
me duelen las manos de acariciar lo que se me escapa;
me duele el olfato de añorar fragancias bellas;
me duele la música porque ya no acompaña mi melancolía;
me duele la piel porque la desgarran mil lágrimas;
me duelen las armas porque Dios nunca las creó;
me duelen las guerras porque ni la paz las sabe detener;
me duelen tus besos porque desaparecen con el rocío del alba;

me duele mi sangre porque circula sin ningún sentido;
me duele el cielo de grises nubes porque ya no es azul;
me duele el dolor porque cuesta no creer en el amor;
me duele el odio porque es un sentimiento cruel;
me duele la mañana porque acaba cada día;
me duele la tormenta porque la sienten los ángeles;
me duelen los gobiernos por su irónico mandato;
me duele que no estés hoy, en un atardecer crepuscular;
me duele que dudes de mí y de mi sincera amistad;
me duele mi sombra porque se que le cuesta perseguirme;
me duele la riqueza porque en realidad es pobre;
me duele el cinismo porque va regalando mentiras;
me duelen las olas porque golpean a los acantilados;
me duelen los sueños porque no duermo si no sé de ti;
me duelen los músculos porque tiritan sin tu fulgorosa protección;
me duele la vida porque le acosa la muerte;
me duele la luz porque ciega con tinieblas
y me duelen estos tiempos porque cada vez noto más mi ruinoso abandono.

‘EIGHTEEN’, 5 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.

SESENTA Y CINCO

Saetas sobre el corazón que vivió en algazara,
cambrones en la sinrazón de mi plebeya cara.

Las cadencias suenan en la noche soñolienta,
aves sobrevuelan surcando ante mi venta.

El ocaso llora por verme tan desabrido,
mi cuita me ha engendrado bandolero y forajido.

Viajé errante sobre serrijones sobre besanas, sobre trigales,
el tahúr de los corazones cainó mis ideales.

No podría plañir pues estoy demasiado enjuto,
el amor histrión todo a matado, hay luto.

Como baobabs criminales fueron tus besos,
me atraparon fatales cortaron mis versos.

El cielo bermejo reflejado desde el pretil;
tuve un arnés añejo hoy sin yunque soy viril.

Se efunde sangre y linfa desde mis áridas manos,
y yerto de labriego pido socorro a mi Amo.

Correr un gran albur, es aprender a ser,
tornasoles en mi mente no me dejan ver.

Eras de alto semblante nacida de un limo joven,
amable y elegante, hoy una montarace:
Trémulos muslos, abismales pupilas, amasijo de palabras,
tras todo me soplaste un “adiós”, ¿de qué me hablas?
– ¿Un adiós definitivo? ¿Un adiós quijotivesco?
– ¡¿Un amor improductivo?! ¿Por qué me hacer esto?

Pero lucharé en la sempiterna esperanza de mi vida,
quimera sobre quimera, mientras la ventolera olvida… mi ventolera perdida.

‘SEVENTEEN’, 4 de enero de 2003, publicado originalmente para el blog ‘El Constante Devenir‘.